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Inicio de la entrevista: los primeros 90 segundos

La forma en que se abre una entrevista clínica define buena parte de lo que sigue. En los primeros noventa segundos el paciente decide, casi sin darse cuenta, cuánto va a contar y con qué nivel de confianza. Un inicio apurado o distraído comunica que hay poco tiempo disponible, incluso si después la consulta se extiende.

El saludo con nombre, el contacto visual antes de mirar la pantalla o la historia clínica, y una pregunta abierta inicial —qué lo trae hoy, cómo viene con tal cuestión— hacen más por el vínculo que cualquier explicación posterior. Dejar que el paciente termine su primera idea sin interrumpir, aunque tome algunos segundos más de lo esperado, suele ahorrar tiempo más adelante: evita repreguntas y malentendidos que surgen cuando se corta el relato demasiado pronto.

Este tramo inicial también es el momento de calibrar el tono de toda la consulta: cuánto sabe el paciente, cuánto quiere saber, con qué vocabulario se siente cómodo. Prestar atención a esas señales desde el primer intercambio permite ajustar el resto de la entrevista sin tener que corregir el rumbo más tarde.

Los primeros noventa segundos no son un trámite social antes de «la consulta de verdad». Son ya la consulta, y de ellos depende en gran medida la calidad de todo lo que viene después.

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